Vanidad y Orgullo

“VUÉLVETE A DIOS Y DEJA EL PECADO; ORA EN SU PRESENCIA Y DISMINUYE TUS OFENSAS. VUÉLVETE AL ALTÍSIMO, APÁRTATE DE LA MALDAD Y ODIA DE TODO CORAZÓN LA IDOLATRÍA” (Eclo. 17:25-26).

Hoy, al inicio de una nueva semana, meditemos lo siguiente: ¿Te gusta hablar mucho de ti mismo/a? ¿por qué será? Quizá porque estás convencido/a de que vales mucho y quieres que los demás también reconozcan tu valor; eso es “vanidad” y “orgullo”, y ambos son pecados, y preceden a la “idolatría”.

Quizá te gusta hablar mucho de ti mismo/a porque piensas que los demás no reconocen tus méritos; y si los demás no los reconocen quizá sea porque en realidad esos méritos no son tan reales como a ti te parecen.

¿A los demás les gusta oírte hablar de ti mismo/a? Si no les agrada, ¿por qué será? ¿No será porque cuando hablas de ti mismo/a lo haces disminuyendo a los demás? O, si no los disminuyes, ¿no será porque ni siquiera los tienes en cuenta? Y esa es una manera de disminuirlos; y, si los disminuyes de una u otra forma, ¿puedes extrañarte de que no les guste oírte hablar de ti mismo/a?

Si realmente vales lo que dices, si tienes méritos y cualidades, no te preocupes, no es necesario que hables de ti mismo/a; ya verán lo que eres y lo que vales; si no lo ven, no por eso disminuirá tú mérito o se perderá tu valor. Basta que te vea Dios y que te valore Dios.

“También debes saber que en los últimos tiempos vendrán días difíciles. Los hombres serán egoístas, amantes del dinero, orgullosos y vanidosos… No tendrán cariño ni compasión, serán chismosos, no podrán dominar sus pasiones, serán crueles y enemigos de todo lo bueno… Estarán llenos de vanidad y buscarán sus propios placeres en vez de buscar a Dios. Aparentarán ser muy religiosos, pero con sus hechos negarán el verdadero poder de la religión” (2 Timoteo 3:1-5).

Qué en este inicio de semana prevalezca en nuestros corazones la humildad y la mansedumbre; que es lo que nos lleva a reflejar la imagen de nuestro Señor Jesucristo.