¿Qué Palabras Habla Tu Boca?

“…EL QUE ES DE LA TIERRA ES TERRENAL, Y HABLA DE LAS COSAS DE LA TIERRA… EL QUE HA SIDO ENVIADO POR DIOS, HABLA LAS PALABRAS DE DIOS… ” (Juan 3:31-35).

Nuestro Señor Jesucristo afirmó: “De lo que abunda en el corazón, habla la boca” (Mt 12:34). Si se tiene a Dios en el corazón, se hablará de Dios; si uno se preocupa de las cosas del Señor, hablará de las cosas del Señor; en cambio, como advierte esta lectura de San Juan, “el que es de la tierra, habla cosas de la tierra” (v.31), “y el que es de Dios, habla las palabras de Dios” (v.34).

Dios te ha enviado a ti y a mí como verdaderos discípulos de Jesús; por ende nuestra boca debe de estar llena de palabras de Dios, y para que nuestra boca esté llena de esas palabras, tiene que estarlo previamente en nuestro corazón. ¿Qué aprecio tienes por la Palabra de Dios? ¿Te cansas de oír la Palabra de Dios? ¿Te preparas para transmitirla tú?

El sentir gusto por las cosas de Dios, debe llevarnos al gusto por hablar de las cosas de Dios.

Con frecuencia los cristianos descuidamos este punto y las conversaciones que se oyen en nuestras reuniones personales a veces nada tienen de constructivo y de evangelizador; incluso, en no pocas ocasiones las conversaciones de nosotros los cristianos tienen muy poco de edificante; no nos edifican a nosotros y mucho menos edifican a otros.

Sin embargo, el apóstol Santiago nos advierte severamente diciendo que: “Si alguno cree ser religioso, pero no sabe poner freno a su lengua, se engaña a sí mismo y su religión no sirve para nada” (Stgo. 1:26). Tremendas las palabras del apóstol Santiago que de un modo muy particular nos está diciendo que hemos de cuidar nuestras palabras cuando estamos transmitiendo el Mensaje de Salvación y las enseñanzas del Evangelio. El respeto que se merece la Palabra de Dios exige que se transmita con palabras respetuosas y dignas, educadas y cultas, llenas del Espíritu Santo de Dios, que no podemos animar con palabras incultas, malsonantes o groseras.

Finalmente afirma nuestro Señor Jesucristo que; “el que ha sido enviado por Dios, habla las palabras de Dios”, entonces, si nosotros no hablamos las palabras de Dios –porque no vamos a pensar que las malas palabras y los chistes atrevidos son palabra de Dios– y si nosotros aún seguimos participando de este tipo de conversaciones, damos a entender con claridad que no somos enviados por Dios y que no hablamos en Nombre de Dios, sino en nombre propio, y en ese caso, muy poca credibilidad merecemos por nuestras palabras.

Cuidemos las palabras que salen de nuestra boca para que ellas sean “una lámpara a los pies de otros y una luz en sus caminos, y no las convirtamos en piedras de tropiezo en la oscuridad.