El Lastre que no nos deja volar Alto I PDF Imprimir E-Mail

 Sin el ánimo de entrar en este debate, una cosa está clara y pienso que es verdad.  Tal como Pablo nos advierte, estamos viviendo una época en la cual hemos llegado a ser amantes de nosotros mismos y nuestra sociedad ha llegado a ser centrada en sí misma.

Pensar en forma apropiada de nosotros mismos a la luz de la gracia de Dios, es importante para la madurez espiritual, para una vida espiritual sana y para un ministerio efectivo.  Este es un tema tratado por las Escrituras y es evidente en varios pasajes (Romanos 12:3s., 2ª Timoteo 1:7-8, 1ª Timoteo 1:18; 4:12-15; 1ª Corintios 16:10).

El tema de la auto-imagen origina una paradoja.  El cristiano que cree en la Biblia , sabe que es un pecador, que en él no hay nada bueno; también sabe que como un ser creado por Dios, creado a Su imagen y redimido por Su gracia, tiene valor y un propósito en la vida.

Es importante pensar de nosotros mismos en forma apropiada e incluso es un mandamiento de las Escrituras.  En Romanos 12:3, el apóstol escribió:  “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”.

Hay por lo menos cinco verdades bíblicas que se requieren para tener un concepto maduro de la auto-imagen. Al comprender y relacionar estos cinco conceptos, la persona será capaz de relajarse en cuanto a quién es, sin temor u orgullo, o sin sentir inseguridad o un sentimiento falso de orgullo o arrogancia.

Los Creyentes Maduros, tienen un Concepto Bíblico de su Auto-Imagen

Los creyentes maduros derivan su sentimiento de utilidad y de valor, de su unión y co-identificación con Jesucristo en toda Su plenitud, dones personales y provisiones y también sabiendo que Él tiene una voluntad y un propósito para cada uno de ellos (cf. Romanos 12:3s; Efesios 1:3; 2:10; Colosenses 2:10 con 1ª Timoteo 1:12-15; 1ª Corintios 15:9-11).  Lamentablemente, muchas personas se perciben a sí mismos de acuerdo a un retrato de sí mismos desarrollado en los inicios de sus vidas por los mensajes que han recibido de su ambiente —padres, amigos, maestros, etc.  Estos pueden ser buenos o malos, verdaderos o falsos; pero esta es la percepción que forma la base de cómo la mayoría de la gente siente de ellos mismos.  Parte del proceso de maduración como creyentes, es la habilidad de vernos a nosotros mismos en forma diferente de acuerdo a su nueva vida en Cristo, habiendo sido recreados según y en la imagen de Dios para una nueva forma de vida.

en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.  En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”  (Efesios 4:21-24).

Pero el problema es que la gente tiende a mirar a los demás y a sus dones, sus logros y popularidad y medirse según lo que ven en ellos.  Comparamos gente con gente.  Esto no sólo nos hacen fijar nuestros ojos en los hombres sacándolos de Dios, en Su gracia y en Su plan, sino que crea sentimientos de inferioridad, celos, orgullo y formar bandos.  Esto nos conduce a un segundo principio importante: pensar bíblicamente de nosotros mismos.

Los Creyentes Maduros Emplean el Estándar Correcto para Juzgar el Éxito

El Señor Jesús y los principios de las Escrituras deben ser nuestra vara de medida o el medio por el cual debemos medir lo que valemos y nuestra auto-imagen (cf. 1ª Corintios 3:4-7; 4:1-5; 15:9-11; 2ª Corintios 10_12; Efesios 4:13).  A continuación, tenemos algunas razones bíblicas del por qué es tan necesario tener la herramienta correcta para medir:

(1)    Somos instrumentos de Dios.  La eficacia siempre es producto de la actividad de Dios, sin considerar nuestro trabajo, nuestros métodos, nuestra inteligencia o nuestra sabiduría  (1ª Corintios 3:4-7).

(2)    Lo que cuenta para Dios, es ¡la fidelidad a Su gracia!  Lo que es importante para Dios es la fidelidad en el empleo de las oportunidades, habilidades y ministerios que Él nos da y no el éxito, que es con tanta frecuencia la medida para el hombre (Lucas 12:42; 2ª Timoteo 2:2; 1ª Corintios 4:1-2).

(3)    Todo lo que tenemos es producto de la gracia de Dios.  Todo lo que obtenemos a través de nuestras habilidades, talentos, ministerios e incluso oportunidades, son dones de la gracia de Dios, inclusive lo que respiramos  (Romanos 12:3ª; 1ª Corintios 15:9-11).

(4)    Jesucristo es nuestro estándar y nuestra meta – no los hombres.  Como mencionábamos, los hombres pueden llegar a ser ejemplos de la semejanza de Cristo; pero incluso entonces, llegan a ser tales ejemplos sólo si con ello apuntan al Salvador de la misma forma que Él se ve reflejado en ellos (1ª Corintios 11:1).  Cristo, como nuestro modelo, es el estándar de la excelencia; pero no medimos esto por las opiniones y estándares de medición empleados por el mundo o por los hombres.  Lo medimos por los preceptos que nos entregan las Escrituras:  las características morales maduras de quienes se asemejan a Cristo.  Observemos dos pasajes claves en este aspecto:

Efesios 4:13  “…hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”

Estándares falsos conducen a motivos falsos, como la ambición egoísta y a un espíritu de competencia en donde vemos a los demás como opositores que soportar más que amigos con quienes disfrutar o compañeros de trabajo con quienes compartimos el trabajo como colaboradores de Cristo  (Filipenses 1:17)

Estándares falsos conducen al sentido de la culpa, frustración, depresión y sentimiento de fracaso porque pensamos que no hemos sido medidos según los estándares confeccionados por los hombres.  Terminamos trabajando para complacer a los hombres y no a Dios (1ª Tesalonicenses 2:4-6).  Los estándares falsos también nos guían a todo lo contrario —sentimiento de orgullo y a menudo, un sentido falso de éxito.

El intentar medir según los estándares humanos, también pueden llevarnos a temer al fracaso lo que puede resultar en la reclusión o retraimiento.  Esto puede provocar no desear intentar algunas cosas o involucrarse en algún ministerio.  También puede conducirnos a olvidar un ministerio.  Ciertamente, puede causar perder el gozo de ministrar o servir  (2ª Timoteo 1:6-7).

Estándares falsos pueden conducir a una auto-depreciación con la creencia de que no somos aptos porque no estamos a la altura de esos estándares.

Debido a alguna falla a llegar y permanecer orientados según la gracia de Dios por nosotros en Cristo, o debido a alguna desorientación de la gracia y al pensamiento errado que naturalmente sigue a esta situación, muchos creyentes terminan su labor en el ministerio, por necesidades neuróticas.  Se sienten inadecuados y así a menudo sirven en algún tipo de ministerio para compensar sus malos sentimientos: para sobreponerse al sentimiento de culpa, obtener algún reconocimiento o simplemente sentirse mejor con ellos mismos.  Otros pueden fallar en sus funciones, por el mismo tipo de sentimientos.  Temen al fracaso o a lo que los demás puedan decir.

Esto lleva a que se transformen en gente discapacitada que con frecuencia tienen una conducta divisiva y de rechazo porque compiten unos con otros y consigo mismos por un sentido personal de importancia.

Esto conduce a todo tipo de problemas espirituales y emocionales.  Como resultado, estas personas caminan llevando sus temores, son muy sensibles, difíciles para compartir con ellos e incapaces de recibir correcciones o sugerencias.  Ser corregidos es para ellos ser desestimados o perder presencia.  Por lo tanto, cada vez se preocupan más de ellos mismos que de Jesucristo, Su gloria y por los demás.  Se convierten en personas que van a la defensiva, que todo lo discuten y al mismo tiempo, temerosos.

El problema es que sufren de una desorientación de la gracia (Hebreos 12:15).  ¿Qué es la gracia?  Es el nombre de la providencia de Dios para nosotros en Cristo.  El problema es que no descansamos en la gracia de Dios para nuestras vidas; es decir, nuestra nueva vida y posición en Cristo y en los principios y promesas de la palabra junto con ser llenos del Espíritu.

 
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