Parecerse a Cristo

“…PUES SI AHORA SUFRIMOS CON ÉL, TAMBIÉN TENDREMOS PARTE CON ÉL EN SU GLORIA” (Romanos 8:17 ).

El propósito primordial de Dios para tu vida y mi vida no es nuestra comodidad, sino el que nos parezcamos a Cristo su Hijo. Y para alcanzar este propósito de Dios tendremos que sufrir algunas de las experiencias por las que pasó Jesús, tales como: ser incomprendidos por nuestros familiares, ser ridiculizados por miembros de la iglesia, ser rechazados por el mundo y decepcionados por la gente que dice que nos quiere. San Pablo afirma en su carta a los Romanos que hemos sido llamados a compartir los sufrimientos de Cristo para también ser partícipes de Su gloria.

¿Cómo lo hacemos? De tres maneras:

1) Fíjate en el plan de Dios, no en tu dolor: “…Corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” (Hebreos 12:1-2). Si miras hacia adentro te deprimirás, si miras al vacío te angustiarás, pero si miras a Cristo, tendrás paz”.

2) Piensa a largo plazo: Pon tus ojos en Jesús, porque “…por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba…” (Hebreos 12:2). Mantén tu mirada en la línea de meta. No vas a recibir el trofeo hasta que acabes la carrera, así que decide mantenerte en la pista y acabar fuerte.

3) Cambia tu forma de orar: Cuando entiendes que el propósito de Dios es “ser más como Cristo”, en tu oración le pedirás menos que te conforte y más que te haga conforme a Jesús. En lugar de preguntar: ‘¿Por qué yo, Señor?’, le preguntarás: ‘¿Qué quieres que aprenda, Señor?’ Escribe Santiago en su libro: “Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada” (Santiago 1:4 ).

Así es como llegamos a ser semejantes a Cristo. Recuerda: “El que dice que está unido a Dios, debe vivir como vivió Jesucristo” (1 Juan 2:6).

Que este inicio de semana y de mes esté marcado por nuestra constancia y nuestra perseverancia hasta terminar la carrera.