Morir Para Dejar Vivir

“ES NECESARIO QUE ÉL CREZCA Y QUE YO DISMINUYA” (Juan 3:30).

¿Te has fijado cómo se consume una vela? Da luz, disipa la oscuridad, pero a costa de su propia existencia. Ella se va consumiendo, se va deshaciendo, desapareciendo y, cuando más luz da, menos le queda para ella. Y cuando ya no puede ser útil, entonces, después de darlo todo deja de existir.

Que maravilloso ejemplo para meditar. Así tenemos que ser nosotros: debemos dar luz a costa de nuestra muerte total. Este ha de ser nuestro programa de vida: dar la felicidad a los otros, aunque ello suponga que nosotros nos deshacemos y desaparecemos. Ese fue el ejemplo que nos dejó Juan el Bautista, se consumió para dar luz y murió para darle paso a la vida.

Cuando una madre da la vida a su hijo, pierde algo de si; pero ella no desaparece del todo; ella queda en su propio hijo, sus genes están en su hijo, en su hijo cobra nueva vida, más joven, más lleno de posibilidades… Es hermoso llegar al final de la vida teniendo conciencia de que nos hemos consumido por el bien de los demás, dando todo aquello con lo que Jesús nos ha llenado.

Nosotros llegaremos a la perfección si nos entregamos a los demás, pero también es cierto que la mejor forma de disponernos para entregarnos a los demás es trabajar por nuestra perfección.