No Hay Espacio Para Ti

“VENGAN A MÍ TODOS USTEDES QUE ESTÁN CANSADOS DE SUS TRABAJOS Y CARGAS, Y YO LOS HARÉ DESCANSAR. ACEPTEN EL YUGO QUE LES PONGO, Y APRENDAN DE MÍ, QUE SOY MANSO Y DE CORAZÓN HUMILDE; ASÍ ENCONTRARÁN DESCANSO” (Mateo 11:28-29).

Quizá en más de alguna ocasión te han dicho: «Lo siento, pero no tenemos espacio para usted».
-En materia de trabajo: «Lamentablemente no tenemos una posición para usted en la compañía».
-En los deportes: «No tienes cabida en el equipo».
-En las cosas del amor: «En mi corazón no hay espacio para ti».
-En materia de fanatismo: «No nos interesa alguien como usted aquí».
-Peor aún. Quizás hayas oído esto mismo en tu casa: «Nos has fallado muchas veces; es mejor que te vayas y te busques donde vivir».

Unas de las palabras más tristes sobre la tierra son: «No hay lugar para ti».
Jesús conocía el sonido de estas palabras. Todavía estaba en el vientre de María su Madre, cuando el portero del hospedaje en Belén dijo: «No hay lugar para ustedes aquí».
Cuando los residentes de su propio pueblo Nazaret trataron de apedrearlo, ¿no le dijeron lo mismo? «No queremos profetas en este pueblo».
Cuando los líderes religiosos lo acusaron de blasfemia, ¿no lo evitaron también? «En este país no hay lugar para alguien que se autoproclama Mesías».
Y cuando lo colgaron de la cruz, ¿no fue el mensaje unánime de rechazo de todos? «No hay lugar para ti en este mundo».
Aun hoy en día, Jesús sigue recibiendo el mismo trato. Va tocando de corazón en corazón pidiendo que lo dejen entrar. Pero la mayoría de las veces tiene que escuchar las palabras del portero del hospedaje de Belén: «Esto está demasiado lleno; no hay espacio para ti».
Sin embargo, de vez en cuando, Jesús es bienvenido. Alguien le abre la puerta de su corazón y lo invita a entrar. Y a esa persona Jesús le hace esta gran promesa: «No se turbe tu corazón. Cree en Dios, cree también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones».
Jesús dice: «Tengo mucho espacio para ti». ¡Qué promesa más extraordinaria! Hacemos para Él espacio en nuestros corazones, y Él hace para nosotros espacio en su casa. Su casa tiene espacio de más tanto para ti como para mí. Solo acéptalo cada día como Señor y Salvador de tu vida y tendremos garantizado un lugar en su casa.

Que en este día y cada día del año tengas espacio para Jesús en tu corazón, porque Él siempre tiene espacio para ti y para los tuyos.