¿Fallaste?… ¡No Eres Un Fracaso!

“PORQUE SIETE VECES PODRÁ CAER EL JUSTO, PERO OTRAS TANTAS SE LEVANTARÁ…” (Prov 24:16).

¡La diferencia entre el éxito y el fracaso a menudo es la habilidad de levantarse una vez más que el número de tus caídas!

¿A qué me refiero con esto?… Moisés pudo haberse dado por vencido con facilidad. Él tuvo una niñez bastante difícil: fue abandonado por su madre a orillas de un río y vivió con una familia de crianza. Tenía un temperamento fuerte, una lengua tartamuda e incluso, un historial criminal cuando Dios lo llamó en el monte Santo, al final aceptó la tarea encomendada por Dios y, aunque no entró en la tierra prometida, apareció junto a Jesús en la Transfiguración.

Josué había visto la Tierra Prometida a pocos meses de haber salido de Egipto pero, luego tubo que deambular por el desierto durante cuarenta años por culpa de otros diez cobardes que no creyeron como él creía que podrían conquistar a sus enemigos y poseer la tierra que Dios les ofrecía. Josué pudo haberse entregado al desánimo, al desaliento, pero él estaba dispuesto a seguir cuando Dios dijera que siguieran y al final así fue; Josué introdujo al pueblo de Israel en la tierra de Cana.

Pedro tuvo un momento difícil al sufrir la transición de pescador, a pescador de hombres. Se hundió en el mar mientras trataba de caminar sobre el agua; fue fuertemente reprendido por Jesús por tratar de decirle a Él lo que debía hacer, pensando como los hombres y negó tres veces conocer a Jesús en esa hora cuando necesitaban más de él. Pedro bien pudo haberse visto a sí mismo como un fracasado sin esperanzas, pero cuando la oportunidad vino para predicar el Evangelio ante miles en el día de Pentecostés, él respondió, y gracias a su cambio de vida, ese día aceptaron a Jesucristo más de tres mil personas y llegó a ser el primer vicario de Cristo en la tierra.

¿Cual es tu historia en el plan de Dios? No importa lo que hayas hecho, qué errores hayas cometido o lo que hayas dejado de hacer; tú no eres un fracaso hasta que no te hayas caído y rendido totalmente.

Si tu caminar en el Señor se ha visto interrumpido por momentos de flaqueza, pruebas, caídas, errores, deseos de abandonarlo todo, hoy es el día de levantarte con tu frente en alto, aferrarte a la mano del Señor y decir: “Todo lo puedo en Cristo que me da la fuerza”.