No es el qué… es el cómo

“ENTONCES DAVID LE DIJO A SAÚL: –NADIE DEBE DESANIMARSE POR CULPA DE ESTE FILISTEO, PORQUE YO, UN SERVIDOR DE SU MAJESTAD, IRÉ A PELEAR CON ÉL” 1 Samuel 17:32).

La Biblia nos cuenta que David, antes de enfrentar a Goliat, había sido enviado por su padre a llevar alimentos a sus hermanos que estaban al frente de la batalla, y fue así cuando escuchó y vio a Goliat que desafiaba al ejército de Israel. David no pensaba en convertirse en un héroe, simplemente tomó la oportunidad con la que otros soldados sólo soñaban.

Las mejores oportunidades en la vida son las que nos toman siempre por sorpresa y, si no estamos alertas y preparados, las dejaremos pasar. Lo que los demás descubrieron en David aquel día, ¡había estado allí frente a ellos todo el tiempo! Los soldados de Israel habían visto en el gigante Goliat un problema imposible de vencer, en cambio, David vio en el gigante Goliat, una oportunidad inmejorable para darle a entender a los filisteos que existía un Dios único y poderoso… ¡Muy diferente la forma de ver los problemas verdad!

Si tú te consideras un líder, significa que ya posees el talento necesario para dirigir. Pero, el valor es lo que nos establecerá como líderes frente a los demás. Por eso David fue el único que salió valientemente de en medio de las filas del ejército de Israel. La gente que nosotros más admiramos en nuestras vidas, son aquellos que demuestran el valor, ya sea: en el frente de batalla, en la reunión de inversionistas, para defender a los indefensos, para echarse el equipo al hombro o simplemente para intentar lo que nadie más pensó posible intentar.

Pudiéramos decir: “¡Pero yo no tengo el dinero!”. No nos preocupemos por eso: el capital sigue al valor. El “qué” siempre precede al “cómo”. No seamos intimidados por los números. Dios no es movido por hojas de cálculos y condiciones del mercado… Dios es movido por la fe, y nosotros debemos de ser movidos por la fe.

No dejemos entonces que el “cómo” nos intimide. Al contrario, que sea debido a que el “cómo” sea tan desafiante, que éste nos provee de una gran oportunidad, como sucedió con David al ver a Goliat; David no vio un problema, vio una oportunidad. Si el camino al éxito estuviera bien alumbrado, ya no sería deseado por nadie. Si el “cómo” no fuese un problema, algún otro ya lo hubiera resuelto.

Todo progreso o triunfo comienza con una pregunta: “¿Qué se necesita hacer?” Esa es la pregunta clave, y alguien necesita hacer esa pregunta… ¿Por qué no hacerla tú? A David, nadie lo empujó a enfrentar al gigante Goliat, el tomó la oportunidad que los demás soldados no quisieron tomar por temor, y por medio de David el nombre del Dios de los ejércitos de Israel fue Glorificado.

El futuro le pertenece a aquellos que tienen el valor para hacer esa pregunta y la fe suficiente para perseverar hasta descubrir la respuesta. Cuando los obstáculos se ven demasiado grandes y la oposición demasiado fuerte, parémonos firmes en esta Escritura: “No temamos ni desmayemos… porque hay un poder mayor en nosotros que en él”.

El mensaje de hoy nos debe de llenar de entusiasmo y santa expectativa por lo que Dios quiere y puede hacer a través de cada uno de nosotros, si tan sólo nos ponemos en Sus manos. Me encanta cuando decimos que a Dios no le impresionan ni los números ni las circunstancias que pudieran rodearnos en algún momento, sino que, Él actúa en base a nuestra fe.

Armémonos hoy de mucho valor y fe. Creámosle al Señor que no sólo nos creó, sino que también nos salvó con un propósito y atrevámonos a ser todo para lo que Él nos diseñó para ser y hacer.

Que el valor y la fe vayan siempre al frente en toda circunstancia adversa que podamos enfrentar, y ver en ellas una oportunidad para que Dios se glorifique en nuestras vidas.