Un Compromiso Como el de Daniel

“Durante el tercer año del reinado de Joaquim, rey de Judá, el rey Nabucodonosor de Babilonia llegó a Jerusalén y rodeó la ciudad con su ejército. El Señor dejó que Nabucodonosor capturara a Joaquim, y que también cayeran en su poder gran parte de los utensilios del templo de Dios. Nabucodonosor se llevó los prisioneros a Babilonia, y puso los utensilios sagrados en el tesoro del templo de sus dioses; además, ordenó a Aspenaz, jefe del servicio de palacio, que de entre los israelitas de familia real y de familias distinguidas trajera jóvenes bien parecidos, sin ningún defecto físico, cultos e inteligentes, entendidos en todos los campos del saber y aptos para servir en el palacio real. A ellos se les enseñaría el lenguaje y la literatura de los caldeos.
Nabucodonosor ordenó también que a esos jóvenes se les diera todos los días de los mismos alimentos y vinos que a él le servían, y que los educaran durante tres años, al cabo de los cuales quedarían a su servicio. Entre estos jóvenes estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de la tribu de Judá, a quienes el jefe del servicio de palacio les cambió de nombre: a Daniel le puso Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-negó. Pero Daniel se propuso no contaminarse con la comida y el vino del rey, y pidió al jefe del servicio de palacio que no le obligara a contaminarse con tales alimentos. Por obra de Dios, el jefe del servicio de palacio vio con buenos ojos a Daniel” Daniel 1:1-9  (DHH).

El libro de Daniel fue escrito, en tiempos de cautiverio y de adversidad, con el propósito de transmitir fe, confianza, y lealtad a Dios. Se acerca un momento muy esperado para los servidores de nuestra comunidad: nuestro retiro de compromiso. El retiro de compromiso es el momento anual donde se reúnen todos los hermanos, que de forma voluntaria, deciden servir y comprometerse con Dios dentro de la Comunidad Católica El Salvador del Mundo. De ahí nuestro nombre de servidores. Por lo que éste mensaje, al igual que el libro de Daniel, busca recordar la fe, la confianza y la lealtad a Dios que nos mueve a trabajar en su viña, y en su plan de salvación (para nosotros mismos y para los demás).

¿Por qué retomar una cita escrita en tiempos de cautiverio y adversidad?
Porque el llamarnos servidores y pertenecer a una estructura comunitaria, al igual que miles de comunidades más que profesan nuestro misma fe, y están al servicio del Dios único, del Dios trino, nuestro Señor y padre bueno, resuenan en mí todas esas palabras llenas de verdad, que muchos de nosotros hemos escuchado antes de otros viñadores de Dios: “somos hijos de Dios“, “somos la razón principal de su plan de salvación“ “somos su amor último, por quienes soportó su pasión y muerte de cruz“, “somos la iglesia peregrina de Dios“, “pertenecemos a Cristo, a su reino de amor eterno que no es de éste mundo“, “somos extranjeros en ésta tierra“, y muchas otras más verdades que Dios ha sembrado en nosotros y que se activan por las promesas vivas, selladas con el Espíritu Santo en nuestra corazón y “alma inmortal“ como decía Nelson Mandela en sus discursos.

Cautiverio. Si bien somos libres en el nombre de Cristo, vivimos en cautiverio al igual que el pueblo de la cita bíblica, en el sentido que vivimos y somos peregrinos en un reino al cual no pertenecemos, el cual ha sido diseñado con pensamientos, ideas, criterios y estructuras diferentes a las enseñanzas de Jesucristo. Mundo en el cual se nos ha llamado a sembrar semillas del reino de Dios, para que en su tiempo el segador venga y sustraiga el fruto de sus viñadores. Somos fruto del trabajo en Cristo, de nuestros antecesores, pero no estamos llamados a quedarnos así; estamos llamados a crecer y ser obreros en la viña del Señor. La vida humana es efímera y nuestro momento de trabajar es hoy.

Adversidad. Ser como Daniel, que rechazó comer la misma comida del reino de Nabucodonosor, su opresor. Los cristianos enfrentamos nuestro diario vivir, en el escenario de un mundo de muerte, armados con la palabra de Dios, sus promesas y la investidura inmerecida de hijos del Dios altísimo. Del Dios y del pueblo, que los reinos de éste mundo quieren derrocar en nosotros, por medio de nuestros pecados y/o faltas, la rutina, las obligaciones laborales, económicas, familiares, políticas, etc. Las cuales pueden absorbernos y retirar nuestra mirada del arado. Y esa es precisamente la adversidad, todo aquello que pretende hacernos quitar nuestra mirada del arado y del camino de retorno al Padre.

¿Qué debemos hacer?
1. No cansarnos de escudriñar la palabra de Dios. No dejar que la ignorancia o el olvido entibie el deseo de conocer y dar a conocer a nuestro Padre bueno, su amor infinito que nos anima y sostiene, y las promesas vivas llenas de unción, que nos dan la victoria sobre cualquier yugo.

2. No descuidar mi oración personal. Buscar a Dios sin victimizarnos, ni culpar a los demás y/o las circunstancias por nuestras faltas y errores. Presentarnos a Dios con un corazón sincero, manso y humilde, que reconozca su necesidad y deseo de ser trabajado y afinado diariamente por las manos amorosas del creador. Estamos llamados a no ser nosotros, sino a que sea Dios en nosotros. Estamos llamados a ser reflejo de Dios, y no reflejo de nosotros.

3. Hacer uso de los sacramentos. Los sacramentos son reflejo de la misericordia de Dios y la respuesta anticipada de la ayuda que nosotros le clamamos en oración. ¡Equipémonos!

4. Vivir en comunidad. La comunidad permite no sólo dar y recibir la transmisión de la fe, ella nos impulsa a ser valientes y tomar nuestro arado y trabajar por el jornal en la viña de Dios, al que estamos llamados. Cuando Dios dice en su Palabra que nos hará descansar, debemos recordar que el descanso viene después del trabajo. No se descansa, del descanso. Y trabajo no hay, en las áreas donde no nos cuesta.

5. Practicar la misericordia. Estamos llamados a ser misericordiosos, como Dios es misericordioso con nosotros. Es bien difícil encontrar misericordia para aquellos que nos han herido, fallado, traicionado, para aquellos a los que no amamos o nos son indiferentes etc. Pero la misericordia, lamentablemente para nuestra carne, no es opcional, es necesaria para recibir nosotros la misericordia y el amor de Dios que clamamos para nosotros mismos. Sirva e invite a su familia, a servir de manera constante en un brazo de misericordia.