¿Cómo Alcanzar un Trabajo Extraordinario?

“REALICEN SU TRABAJO DE BUENA GANA, COMO UN SERVICIO AL SEÑOR Y NO A LOS HOMBRES” (Efesios 6:7).

“Para ser exitoso no tienes que hacer cosas extraordinarias. Solamente haz las cosas ordinarias con amor y excelencia”.
La clave para disfrutar tu trabajo o tu [servicio] es dejar de pensar que lo haces para satisfacer a otros, o que lo haces por la empresa en la que trabajas o para el grupo o la iglesia en la que te congregas. Si lo haces por estos motivos, tú jamás quedarás satisfecho/a. Pero si comienzas a hacerlo para ti mismo, es decir, para tu propia satisfacción, y sobre todo, para la Gloria de Dios, entonces tu trabajo y tu servicio serán extraordinarios.

Hay una historia que leí hace mucho tiempo que quiero compartirla contigo porque sé que andas buscando lo extraordinario.

“Doña Rosa era una ascensorista de unos 60 años en un viejo edificio de Juzgados, que siempre permanecía congestionado de visitantes, quienes entraban y se apretujaban en uno de los viejos ascensores del edificio.
Cuando se abría la puerta, la multitud que salía empujaba a la que quería entrar, armándose todos los días un caos que se repetía en casi todos los pisos. Hacía calor y los olores se concentraban en el ascensor.
A pesar de todo eso, doña Rosa cuidaba su ascensor como si fuera el más fino y valioso del mundo. Cada mañana, ella pulía las partes metálicas y las aseaba lo mejor posible. A pesar de esas condiciones, ella siempre andaba sonriente y entusiasta, saludaba y se despedía al abrir y cerrar las puertas de su ascensor. Sorprendía a las personas al recordar sus nombres, bromeaba para que la gente sonriera y respondía con amabilidad a todas las preguntas que le formulaban.
Aparte de eso vendía papel oficial, sellos de correo y en sus pocos ratos libres tejía ropa para bebés.
Un día alguien le preguntó: Doña Rosa ¿cómo puede usted permanecer tan contenta en esa clase de trabajo incómodo, rutinario y mal pagado? A lo que ella contestó: -Muchas personas creen que yo actúo así por la gente y en realidad lo hago por mí propia satisfacción, pero sobre todo, lo hago para la Gloria de mi Señor Jesús. Cuando doy buen trato, me siento satisfecha, si los ayudo, la mayoría me lo retribuye y me aprecia, porque ese buen trato y esa ayudo que brindo, es para mi Señor Jesús, y es Él quien me lo retribuye a través de las personas.
-Sé que mi ascensor es viejo y mal mantenido, pero cuando lo limpio, me estoy cuidando a mí misma, porque aunque no es mío, vivo en él muchas horas de mi vida y si lo trato bien, me va a servir mejor, y así mi trabajo será más bonito y eso a Dios le gusta.
-¿Y todos los otros ascensoristas piensan así? -le preguntaron… -No -respondió ella- Algunos de mis compañeros piensan que su tiempo de trabajo no les pertenece a ellos, dicen que es el tiempo de la empresa. Parecen ausentes, es como si murieran a las ocho de la mañana y resucitaran a las seis de la tarde.
Suponen que trabajando de mala gana van a maltratar al jefe o a los otros, cuando en realidad es el tiempo de su vida y el tiempo de Dios, algo que nunca van a recuperar”.

Esta historia nos muestra que si somos apasionados en lo que hacemos, podemos disfrutar no solamente de nuestro trabajo y de nuestro servicio, sea cual sea, sino que estaremos disfrutando de la vida misma, que es única e irrepetible.

Asegúrate de que lo que haces es lo que te gusta y disponte para dar lo mejor de ti. Si lo que haces no te gusta, puedes hacer dos cosas: Prepárate para dejarlo e ir tras lo que te guste o, cambia tu manera de pensar para que cambie tu manera de servir. Recuerda que para tener un trabajo extraordinario, no basta con hacerlo, sino, como hacerlo y para quién hacerlo. Eso es hacerlo con excelencia. ¿Estás listo/a?

La elección es tuya si quieres hacer de tu trabajo o tu servicio ordinario o extraordinario. ¿Cómo quieres que sea? Si no estás disfrutando tu trabajo, tu carrera o tu servicio, quizás es tiempo de hacer un alto y comenzar a ir por lo que te apasiona o simplemente cambiar tu forma de ver las cosas y hacerlo todo para la gloria de Dios y no para la gloria de los hombres.